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Todos alguna vez en nuestra vida hemos tenido un muy mal sueño del que queremos despertar y olvidarnos por completo. En español tenemos una palabra para este tipo de ensoñaciones: pesadilla, que significa pesar pequeño u opresión pequeña, debido a la sensación asfixiante que provoca en el pecho. Dicha palabra proviene del latín pensare: sopesar, estimar o pesar, más el sufijo para diminutivo: -illa.

Un sinónimo de esta palabra es paroniria, más usado en el ámbito médico y considerado como parte del proceso de desarrollo de niños y adolescentes debido a experiencias individuales desagradables o a contacto con libros o películas de terror, fenómenos comunes en cualquier cultura. Si quisiéramos sintetizar su significado sería: suspensión del sueño o detención del sueño. Sin embargo, no es un término que utilicemos comúnmente. Su etimología proviene de una combinación del prefijo latino parus-: paro o detención; y del griego oneirikos: oneiros (sueño) y el sufijo -ikos: relativo a. De esta manera, podemos ver que es bastante diferente a pesadilla y, quizá, un término más poético que fisiológico.

En cambio, la palabra anglosajona para este fenómeno es nightmare (un término surgido en el inglés medieval, es decir, en el siglo XI aproximadamente), que puede tener tres traducciones diferentes según los estudios etimológicos ya que es un compuesto de night: noche, y mare (proveniente del inglés antiguo, es decir, siglo V), que puede expresar tanto yegua como zonas oscuras de la luna y espíritu femenino malvado. Es decir, tendríamos las definiciones siguientes: 1) yegua de la noche, 2) oscuridad lunar de la noche, e 3) íncubo de la noche.

Entre pesadilla y nightmare, el escritor argentino Jorge Luis Borges prefería esta última por cuestiones concernientes tanto a la imagen que evoca: yegua de la noche, como por su anglofilia. La conceptualización que realiza cada lengua y cada cultura para representarse un fenómeno es muy importante para entender el contacto que éstas mantienen entre sí —Borges en su conferencia “La pesadilla” habla además de la relación entre el alemán y el inglés, y de éste con el francés—, así como por los “hallazgos” poéticos que realizan.

Por último, cabe mencionar que Borges jamás menciona el término paroniria, quizá porque la ignoraba o porque no le vino a la mente en el momento de presentar la conferencia. Sin embargo, con el presente texto podemos contrastar tres formas distintas de referirnos a un evento psicológico cuyos efectos nos recuerdan el sofocante peso de la noche.

Por: Alonzo Caudillo

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