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En español es frecuente encontrar construcciones que enfaticen algún elemento de los enunciados; esto puede deberse a que los hispanohablantes sentimos la necesidad de reiterar una idea para que no exista duda o pregunta acerca del tema por parte de quien escucha; asimismo, depende del contexto en el que se encuentren los hablantes. 

Uno de los casos es el uso de un posesivo doble en el habla cotidiana. Esto ocurre mayormente en México, Bolivia y Perú, y se le ha atribuido diferentes causas: desde el contacto del español con lenguas indígenas hasta una motivación psicológica con el poseer.

Más allá de dar una respuesta, es interesante revisar las formas en cómo los hablantes usan la doble posesión. Hay que subrayar que la mayoría de las personas que usan reiteradamente construcciones como “su casa de ella” o “su perro de María” quizá no perciben la redundancia que implica.

Casos como el anterior descrito, sobran. Además, podemos mencionar el plural expresivo (“Buenos días”) que se usa para hacer hincapié en lo que se dice. Esto demuestra que el intento porque el otro nos comprenda es continuo. 

Cabe destacar que el orden usado en español para expresar posesión es poseída + posesor (la taza de Joel), lo cual en lenguas como el quechua es distinta, puesto que usan un orden de posesor + poseído (De Joel, la taza). En lugar del posesivo, se colocó un artículo determinado para señalar el objeto, y se conserva la preposición con uso posesivo, lo cual es muchísimo más habitual en español.

De este modo, las construcciones doblemente posesivas pueden parecer poco estéticas y, para un hispanohablante que no las emplea, resaltarán de manera instantánea; sin embargo, son una realización común que intenta satisfacer la necesidad comunicativa y de entendimiento de cualquier locutor. No siempre están relacionadas con la educación o el estrato socioeconómico; el posesivo doble es usado tanto por los universitarios, como por los niños y los adultos.

Podemos decir, “la redacción de ella”, “su redacción de ella”, “su redacción suya” o “su redacción”; siempre y cuando tengamos en cuenta que estas frases son naturales para quien las emite. Lo que decimos tiene una finalidad, y ésta se refleja en cómo formamos ese complejo edificio llamado oración.

Por Michelle Rodríguez Chiw

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