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Las palabras que conocemos y utilizamos a diario tienen un referente con el que las asociamos. Así, cuando desconocemos una palabra simplemente investigamos lo que significa para poder entenderla. El léxico tiene una etimología, mucho de éste son palabras compuestas por diferentes elementos morfológicos (prefijos, sufijos, etc.): las personas, al intentar buscar el significado de algunas palabras y de cómo se componen, crean etimologías populares a través de su capacidad de deducción y no tanto un “sexto sentido”.
 
    Es claro que al emitir palabras como ojalá no pensamos de manera instantánea en que significa “si Dios quisiera”. Otras veces, leemos o pronunciamos palabras de las que asumimos su etimología, ya que nos parece muy clara su composición. Resulta que en ocasiones estamos en lo cierto y que en otras ocasiones no mucho; por lo que realizamos un cambio etimológico de manera cotidiana sin saberlo. Estas palabras realmente no eliminan su etimología verdadera; empero para muchas personas es difícil dilucidar el verdadero origen ya sea por falta de información o desinterés.
 
    Un ejemplo claro en donde se atisba un cambio de familia léxica sería en el nombre de Brujas (Brugge en flamenco). Este lugar europeo es uno de los más visitados y en él se venden en todas partes peluches y figuras de lo que en español llamaríamos brujas además de encajes; no obstante, el significado etimológico de Brugge es puentes. Si lo vemos con detenimiento, no se hizo una traducción al español para denominar a este sitio, sino que sólo se hizo una adaptación fonética que nos revela un origen engañosos de la palabra que la mayoría asumimos.
 
    Otro caso frecuente es que, aun cuando se conocen procesos de cambio fonológicos, se asuma sin un análisis previo el hecho de que las palabras provienen de algún origen que puede llegar a ser bastante lógico. Muchos creen que hermano ha sufrido una aspiración de la f, pues en latín hermano era frater. Debemos tener claro que la palabra latina para denominar a un hermano sí era frater; pero que nuestra palabra hermano proviene de germanus, adjetivo que se empleaba al lado de frater: no existe aspiración alguna, sino que aquí sólo se elidió por medio de una aféresis la letra g.
 
    Cuando leemos un poco sobre latín y lingüística nos percatamos de que no todo es tan nítido como creemos. Aunque el latín y el español tengan afinidades debido a su relación madre-hija, no hace que ambas lenguas sean idénticas. Así, palabras en latín como bella que hace referencia a la guerra y no a la belleza: bellum (guerra) y bellus (belleza) son afines pero no idénticas, por lo que podemos llegar a cambiar el significado o la familia léxica de alguna de las dos palabras.
 
    Esto es lo que hacemos las personas: asociar de manera lógica; mas no siempre estamos en los cierto. Más allás de que ciertas personas critiquen el cambio de familia léxica o de significado, podemos analizar este fenómeno sumamente normal que todos hemos aplicado alguna vez para inferir qué significa cierto vocablo. Es sorprendente ver que la complejidad para dilucidar una etimología puede llevarnos a cambiar los nombres de lugares, palabras o hasta recrear leyendas que se quedan en la ficción, ¿o no?
Por Michelle Chiw
 

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