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Sabemos que muchos de ustedes se han preguntado si el lenguaje inclusivo es correcto o no, asimismo tienen su postura y han juzgado el movimiento como mejor les pareció. Ahora a nosotros nos toca la parte tanto técnica como analítica del problema.
 
El lenguaje es natural puesto que es la manera que hallamos para comunicarnos, la lengua como estructura es la que de alguna forma ha sufrido cambios tanto de manera natural como arbitraria y, dentro de esos cambios arbitrarios, hay decisiones de una cantidad extensa de hombres, porque por muchos siglos las mujeres se encontraban en una jerarquía inferior a los éstos.
 
Quizá uno de los elementos más juzgados del lenguaje inclusivo que vale la pena rondar es el morfológico, en el cual se cambia una de las vocales que indican el género por una x. Un ejemplo de ello sería ellxs, niñxs, compañerxs, etc. Lo primero que cabe destacar es que esta x (aunque en el español tiene diferentes sonidos) se pronuncia como una e para las personas que ha optado por este lenguaje, hecho que la mayoría de las personas desconocen pues si queremos pronunciar e, ¿por qué no lo escribimos así? Por su parte, esta misma pretende erradicar el uso del masculino genérico para agrupar ambos sexos como en ellos, niños y compañeros.
 
La lengua siempre busca la manera más simple para mantener una comunicación. Sabemos que el uso de “x” dificulta la inteligibilidad. También el uso de este grafema rompe con la construcción silábica del español en donde para constituir una sílaba debemos tener al menos una vocal; no hay más de dos consonantes consecutivas sin la intervención de una vocal en una misma sílaba. No obstante, la lengua está hecha para el cambio y si un cambio lingüístico fundamentado en un problema social te permite sentirte identificado en un grupo de personas: puedes optar por usarlo.
 
Este masculino genérico que bien conocemos no es nada nuevo. Ha existido desde tiempo atrás, de hecho se ha afirmado que existe desde el protoindoeuropeo, en el que servía para señalar a ambos sexos, es decir, no existía una categoría especial para hombres o mujeres sino que todos entraban dentro de una misma palabra sin una desinencia que señalara su sexo. Con el tiempo se creó una categoría especial para las mujeres, sin embargo, la otra categoría seguía agrupando ambos sexos.
 
El lenguaje inclusivo rompe con los esquemas antes vistos en la lengua, es más complejo para emplearse y para leerse; empero la lucha está hecha. Muchos ven hoy día a la equidad como algo negativo; siempre es necesario cuestionarnos nuestro contexto.
 
La lengua es algo que debemos apreciar y aprehender como parte de nuestra cultura: no es una imagen estática religiosa o espiritual que deba adorarse de manera irracional. Debemos apreciarla como si ésta fuera un ente en constante cambio como lo somos nosotros. El hecho de que la lengua cambie, más si es con un fin inclusivo, no significa que tenga un valor menor. Nosotros cambiamos, crecemos, nos expandimos y no por ello perdemos lo que somos en esencia no somos buenos o malos, simplemente cambiamos.
Por Michelle Chiw
 

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