Aunque se tenga la falsa creencia de que existen lenguas mejores que otras, en realidad es lo contrario. Lo mismo sucede con los dialectos (variantes de una misma lengua, por ejemplo, el dialecto de Colombia): no hay uno que sea superior al otro. No obstante, como nativos de una región en específico tenemos bien arraigado ese sentimiento de identidad lingüística; a pesar de que creamos que no hablamos de manera correcta debido a que utilizamos lenguaje coloquial o por no seguir la norma al pie de la letra, nos atrevemos a decir ¡Qué bonito es hablar “latinoamericano”!
 
El convivir con personas que pertenecen a diferentes países hispanohablantes, nos hace sentir un gran arraigo tanto por el dialecto de nuestro país, como por el dialecto de nuestra región continental. La gran diversidad  de palabras y variables orales de una misma palabra nos deja atisbar cuán genuinos somos dentro de nuestra sociedad y cultura. Aunque algunos, para referirnos a una cosa, podemos utilizar “madre”, sabemos de igual forma que el hecho de que un venezolano le diga a ésta “vaina” es parte de la misma variedad lingüística.
 
Por su parte, lo heterogéneo del español de América se traslada a diferentes expresiones como el arte, el cine, la literatura y la música. Hay autores como Armando Ramírez o José Agustín que dejan ver en sus libros el dialecto de cierta zona en cierto país. Lo mismo sucede con el tan estigmatizado reggaetón, mediante el cual podemos ver manifestaciones orales comunes del latinoamericano como en los casos en los que se eliminan letras (usté) o al pronunciar la r como l. No olvidemos que el léxico que también se enuncia en las canciones de este género está inherentemente vinculado con nuestro día a día.
 
Desde México hasta Argentina existen palabras únicas que nos comprueban la magia que hay en nuestras variantes tan creativas. Muchos países le llaman auto o carro a lo que en España llaman coche, asimismo sucede con la pequeña diferencia escrita entre bolso y bolsa que repercute mucho en el entendimiento de la oración En una ocasión uno de mis amigos perdió su bolsa de mano mientras viajabamos en España. Al tratar de recuperarla él explicó que era una bolsa color azul marino en donde llevaba su  pasaporte, cargador de celular y dinero, mas en la estación de “camiones” no comprendían lo que él quería decir al mencionar bolsa, pues ellos le decían a ese objeto bolso. Algunos de los demás latinoamericanos entendieron perfectamente lo que quiso decir, otros entraron en un conflicto muy parecido.
 
Como latinoamericanos, tenemos infinidad de elementos comunes e infinidad de diferencias, pero lo que nos permite a todos distinguirnos del español peninsular son características fonéticas como el seseo (la pronunciación de c y z como s), el yeísmo (la pronunciación de la y como ll), la elisión de letras, asimismo elementos de carácter morfológico como el pronombre ustedes. La cultura de América Latina está conformada por un mestizaje indígena, negro, europeo y hasta oriental, lo cual hace que en Perú se coman tamales y en México también. Así el español latinoamericano no sólo suena en nuestra amada región, sino también en todo lugar.
 
Por Michelle Chiw

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