Cada una de las personas, al usar de forma continua un idioma, llevamos un pequeño lingüista dentro; el cual nos permite reconocer (consciente o inconscientemente) cómo usar un adjetivo y cuándo podemos usar un sustantivo. Tal vez no hayamos estudiado nunca  sintaxis, morfología, semántica, fonética o pragmática; no obstante, podemos definir cómo se mueven las palabras por medio de estas partes de la lingüística sin necesidad expresarlo a través de una teoría compleja. Uno de los lugares donde podemos observar que somos unos expertos de la lengua es en un “meme”.
 
Los “memes” son parte de nuestra cultura popular. Muchos de nosotros hemos estado inmiscuidos tanto en el internet, como en esas imágenes que catalogamos con el nombre de “memes”, “momos”, “momazos” o “memingos”. A través de estos elementos visuales nos informamos o nos reímos de información que ya conocemos  sobre diferentes temas tanto de política como de economía. Debido al carácter social de muchos de los memes, se abordan temas como la lingüística, empero muchas veces no lo sabemos.
 
Las gramáticas, en el siglo XV, dictaban a los individuos la maneras en las que debían hablar con el fin de homogeneizar la lengua; asimismo les mostraban de manera general las variantes innegables que existían entre pueblos; ahora los “memes” hacen la misma función y hasta se inmiscuyen en temas pocos conocidos como fonética. Incluso así, los creadores de muchos de esos “memes” no saben que ejecutan transcripciones fonéticas o que buscan las acepciones de las palabras en ciertos dialectos.
 
Un “momazo” puede hablar de las diferentes formas en las que se puede usar la palabra “chingar” en México, así como crear las instrucciones para emplear “wea” en Chile. De la misma manera se crean imágenes donde se dividen en dos partes, países como México para señalar dónde se pronuncia // (ch) o /ʃ/ (sh).
 
Ese conocedor de la lengua puede verse, asimismo, cuando realizamos transcripciones de la lengua oral. Creemos de alguna manera que al escribir así en los memes estamos acercándonos a nuestra habla, lo cual indudablemente es cierto. “Memes” como el del gatito o el del changuito en donde se imprime [kemosión] nos dan pauta para afirmar que tanto tú como yo tenemos conciencia lingüística.
 
A veces podríamos creer que no conocemos tanto nuestra lengua como quisiéramos, pero no es así. La conocemos sin la necesidad de información científica que nos explique los múltiples porqués. Los memes, de esta forma, son un recurso que nos permite brincar de la cultura popular a una ciencia como la lingüística.
 
Por Michelle Chiw

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