La comunicación, en épocas arcaicas, se pensaba que sólo se componía por diversos tipos de códigos, los cuales eran recibidos e interpretados por el oyente. Con el paso de los años, los diferentes estudios lingüísticos y antropológicos expusieron la explicación a ese fenómeno del habla en el que nos vemos inmiscuidos todos los días.
 
Cuando dos personas se comunican existen elementos que los separan. Cada individuo tiene conocimiento de diferentes cosas, asimismo tiene una visión muy diferente de lo que es la realidad. No obstante, cuando dos personas se encuentran en un diálogo, existe un contexto que ambos conocen y por el que pueden mantener una conversación. Un ejemplo sería el siguiente:
 
Julián y Adriana son compañeros de la universidad. Julián, al estudiar Comunicación junto con Adriana puede dar por hecho que tienen conocimiento de las mismas cosas. Éste le dice a Adriana que deben “hacer un cenital”. Adriana puede entender qué es un “centital”, sin embargo, si Julián le dijera eso mismo a un estudiante de medicina, probablemente no podría entenderlo. Juan de alguna forma decide qué debe decir y con quién puede decirlo para ser comprendido. Así al saber qué es lo que el otro conoce y lo que les compete a ambos, tenemos el primer elemento para una comunicación efectiva.
 
Retomando algunas ideas respecto a la comunicación, podemos afirmar que después de reconocer el contexto, el hablante debe deducir qué cosas pueden ser relevantes para el otro. A partir de este punto el hablante exterioriza aquello que quiere compartir de la forma en la que desea que el oyente reciba esa información. Por su parte, el oyente no sólo toma lo dicho por el hablante, sino que infiere qué quiere obtener el otro de lo que está emitiendo.
 
[contact-form][contact-field label=”Nombre” type=”name” required=”true” /][contact-field label=”Correo electrónico” type=”email” required=”true” /][contact-field label=”Web” type=”url” /][contact-field label=”Mensaje” type=”textarea” /][/contact-form]
 
 
La inferencia es uno de los puntos más importantes en la comunicación, pues sin ésta, el oyente no puede entender lo que el hablante intentó decir. En casos que son un poco ambiguos, la inferencia sirve para reconocer cuál de las tantas opciones probables es la que el hablante quiso compartir. Un ejemplo claro podemos verlo en la siguiente frase:
 
Mariana compró “Maseca”
 
En esta oración un oyente podría interpretar dos cosas: que Mariana compró un paquete de “Maseca” o que Mariana compró la empresa “Maseca”, por lo que dependiendo de la información contextual que tenga el oyente, éste podrá interpretar cuál de las dos factibles inferencias es la correcta.
 
Muchas de las malas interpretaciones en nuestra interacción se deben a que omitimos la información que puede ayudar a comprender todo lo que se está diciendo; mas el ser humano tienen una capacidad lingüístico-cognitiva tan grande que le permite ver las probabilidades infinitas y tomar, en la mayoría de los casos, la adecuada.
 
Así, el comunicarnos no sólo es entregar un paquete con información, sino que ese paquete, además de ser abierto, debe ser analizado y adaptado a las circunstancias que rodean a las personas implicadas en un diálogo. Tú, él, nosotros, todos nos comunicamos y por ello nos compete sabe cómo es que lo hacemos.
 
Por Michelle Chiw

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Los más populares

Los más recientes

Te puede interesar

Bitnami