A muchos les ofende que les digan que lo que hablan es un dialecto, quienes a la primera dirían que no, que ellos hablan una lengua, otros la lengua española y no faltarían los ultracorrectos que asegurarían que lo que ellos hablan es el castellano.

      No es culpa de nadie que el término “dialecto” esté tan confundido. Los periodistas y algunas instituciones que usan esta palabra indiscriminadamente han creado que el término adquiera significados que no corresponden al real. Sin embargo, las consecuencias son mucho más graves de lo que uno pensaría, ya que ahora “dialecto” es usado peyorativamente para las lenguas indígenas. Quienes lo usan creen que los dialectos valen menos que aquellas, cuando no hay sustento lingüístico para tal aseveración.

      El verdadero sentido de dialecto es el de una variante de un idioma que se circunscribe a una región geográfica específica. Es decir, cualquier lengua tiene un número de dialectos según sea el número de lugares en los que se habla. Así, el español tendría el dialecto argentino, el chileno, el mexicano, el venezolano y, sí, el español peninsular, en Europa. Cuando se lee esto de inmediato salta la pregunta: ¿Quién habla entonces el español más puro, el correcto? La respuesta es todos, pero al mismo tiempo nadie.

      La lengua es el sistema de signos con el que los miembros de un grupo se comunican. Lo que pasa cuando distintas comunidades hablan la misma lengua y logran entenderse es que hacen uso de una lengua estándar. Un sistema que elimina las diferencias fonéticas, semánticas y pragmáticas para que todos puedan entender el mensaje. A aquello que llamamos español o castellano, o lengua españolaes, en realidad, nuestra lengua estándar. Por eso podemos mantener conversaciones fluidas con personas de otras nacionalidades hispanohablantes; o al menos, hasta que las marcas dialectales se hagan presentes.

      Como verás, hasta para los estudiosos ha sido un dolor de cabeza definir y delimitar cada variante y por eso nació la dialectología. Es la disciplina que se encarga de dar luz a la infinidad de variantes que hay en cada lengua. La dialectología ha dado respuesta a otros enigmas lingüísticos, que ninguna otra disciplina había podido resolver, como por qué dos países que no están cercanos geográficamente comparten el mismo regionalismo, o cómo es que palabras que desaparecieron hace siglos, un día todas las personas empiezan a usarlos nuevamente; también cómo algunas palabras son exclusivas de ciertos grupos o clases sociales. Por eso la dialectología tiene tres vertientes en su análisis: variación geográfica, variación temporal y variación social.

    Ahora sabes que nadie tiene que sentirse menos por hablar un dialecto, sino que deberíamos enorgullecernos de aquello que nos hace únicos como hablantes del español: del “sho” argentino, del “bomba” glotal de México, del voseo de Centroamérica, de los diminutivos colombianos y de muchas, muchas, características más.

Por Tonatiuh Higareda

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