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Mucho. Cada frase y expresión que has usado cuando te enamoras, en realidad, tiene una peculiar historia. Algunas palabras que llegan a definir cómo pensamos el amor incluso tienen un pasado más oscuro del que pensaríamos. Hoy haremos un repaso de todas aquellas frases que seguramente te han dicho o que te has atrevido a decir sin saber por qué, pero que dicen mucho sobre cómo desde la lengua hemos construido una estructura cultural del amor.

No es raro haber estado en algún transporte público y escuchar a alguien decir: “Ya no hay caballeros”, cuando los hombres no quieren dar el asiento. Sin saberlo, se invoca a los caballeros medievales, esos personajes que dentro de la organización sociopolítica de la época, solían rendirle respeto y honor a los señores feudales.  Eran los trovadores que querían representar esa misma relación; pero con las señoras, esposas de los dueños de las tierras. Hoy conocemos estas relaciones como “amor cortés”. Entonces hacían de todo para comportarse como caballeros, desde leerles poesía al pie de la ventana hasta cantarles serenatas. ¿Te suena, verdad? Y ahora es más obvio porque ya es imposible que existan los caballeros con armadura.

Respecto a esa actitud, nos viene la segunda palabra: “conquistar”. ¿No es raro cómo una palabra se usa tanto para la guerra como para el amor? Así como los señores feudales, casi siempre de la corte, iban a luchar a otros lugares para conquistarlos, en estas relaciones el trovador intentaba conquistar a la mujer. Puede parecer una idea romántica, pero en realidad era conquistarla como un objeto, buscaban mediante el deseo erótico hacerlas de su propiedad. Era una manera de ennoblecerse a través del “amor”.

Otras cosas que quizá has pensado sin poderle dar solución sea el dilema de los apellidos. Cuando una mujer se casa y toma el apellido del esposo lo más normal es creer que éste se vuelve dueño de ella. Sin embargo, en un origen no era así: imaginemos que el señor feudal tenía a su cargo cuatro hectáreas de tierra, pero cuando él se fuere a la guerra, su esposa se volvería la señora de, digamos, Hernández, significando que será dueña de aquello que dejaron a su cargo.

Asimismo, hoy ya no advertimos las distintas formas que tenemos para llamar a las relaciones sexuales: coger, fornicar, follar y ni qué decir de las decenas de eufemismos. Esto demuestra cómo el uso de las palabras representa la forma de pensar de cada época y la libertad sexual de la que bien o mal gozan las sociedades.

Bajo este tenor, las personas ya no tenían relaciones ni fornicaban por placer, sino que “hacían el amor. Hoy la frase sobrevive cuando precisamente se hace con alguien con quien ya se ha construido un vínculo más íntimo y de confianza. Es interesante cómo se recuperó en la literatura, a manera de manuales. Un ejemplo sería la obra De Amore libris de Andrés el Capellán, un texto que bajo la estructura del Ars amatoria del latino Ovidio, representaba la nueva forma de pensar el amor.

Hablar de amor desde la lengua y la tradición literaria sí es posible, nos permite conocer y entender las estructuras actuales que usamos en nuestras relaciones con otras personas. Saber que aquello bajo lo que las construimos, en realidad, tienen un porqué histórico y ver cómo han influido en cada forma de unión que hoy tenemos. Al final, nada, ni siquiera la lengua, ha podido quedar exenta de algo tan poderoso como el amor.

Por Tonatiuh Higareda

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