Muchos creemos que el piropo es algo novedoso, típico de la picardía mexicana, pero la realidad es que esta palabra remonta su uso a muchos siglos antes, la etimología se rastrea hasta la antigua Grecia. “Piropo” viene de pyr, ‘fuego’  y óops, ‘vista, apariencia’, que se puede traducir como “ojo inflamado por el deslumbre de la belleza”.

    Posteriormente los romanos tomaron esta palabra de los griegos y la usaron para clasificar piedras preciosas de color rojo como el rubí, el cual simbolizaba al corazón, y era la piedra que los galones regalaban a la cortejada. Los pretendientes que no tenían dinero para obsequiar joyas daban lindas palabras: piropos.

    De ser el principal ingrediente del cortejo, se ha vuelto reprochable y motivo de crítica, ¿por qué? Existen varias razones, la primera: cosificación sexual, un acto que ocurre cuando se ve a una persona como objeto sexual, separando la belleza física del resto de la personalidad. Y como la misma etimología de la palabra lo indica, los piropos nacen con una connotación sexual enfocada en “celebrar” exclusivamente los atributos físicos. Hay que tener en cuenta que aunque algo sea antiguo o se haya usado durante años, no quiere decir que sea correcto; y así como las sociedades han cambiado tradiciones de tinte sexista, el lenguaje también tiene que hacerlo, no por nada a esto se le conoce como una falacia ad antiquitatem.

    La segunda razón tiene más que ver con el contexto en el que normalmente se ven envueltos los piropos. Si bien los grandes poetas han gastado cientos de páginas en halagar la existencia femenina, en la actualidad los varones asumen el derecho a calificar, clasificar y vulnerar a mujeres con piropos llenos de morbo y hostilidad. Sólo hace falta entablar una conversación con un grupo de mujeres para darse cuenta de que los piropos que les han hecho distan mucho de ser versos del Siglo de Oro, y aunque así fuera, la retórica no es suficiente para que la violencia verbal sea halagadora,  ya que insultos, vejaciones y otras formas de agresión también pueden ser embellecidas. Los insultos rebuscados, no dejan de ser ataques.  

    El detrimento del piropo se debe principalmente al ámbito en el que es realizado. Aunque la lingüística estricta se limita a no juzgar y únicamente a tomar nota del uso, una de sus disciplinas sí dedica sus estudios a las relaciones entre los fenómenos lingüísticos y los socioculturales. La sociolingüística nos permite advertir cómo desde los elementos más pequeños como el fonema y el morfema, hasta construcciones más grandes como las sintácticas afectan a nivel social.

 

    Si no fuera por la sociolingüística hoy no podríamos dar luz a problemas como la diferencia entre el género gramatical y el que se restringe a la biología. Tampoco nos hubiéramos puesto a pensar las implicaciones de cambio semántico en palabras como “perro”, “zorro”, “puto” con sólo cambiarle una -a. El análisis sociolingüístico también nos permite saber cuándo una frase o expresión denota machismo o cierta misoginia cultural. Hoy respecto al piropo se saben dos cosas: si lo que se busca es que el piropo sea recibido positivamente, sin importar lo elaborado o lo fino, o si está dirigido a un hombre o una mujer, su eficacia siempre radicará en el receptor, que solamente en contextos de confianza y cuando el canal de comunicación se ha abierto puede tomarlo como un halago; de  lo contrario, el piropo será una agresión.

 

Por Michelle Alfaro

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