Se piensa que el spanglish es un fenómeno lingüístico muy nuevo y en muchas ocasiones a algunos les parece degradante la combinación excesiva de dos idiomas que, aunque compartan algunas cosas, son muy distintos. No obstante, si hacemos un paralelismo con el español podemos observar similitudes entre el nacimiento de nuestro idioma y lo que ocurre hoy en territorio estadounidense.

      Para empezar hay que saber que el spanglish no es un híbrido nuevo, pues ya hay registros de él desde mediados del siglo XIX, con las migraciones y conflictos políticos que dividieron parte del territorio mexicano. Se hizo mucho más evidente con la delimitación de las fronteras en el siglo XX, que si bien geográficas, dialectalmente todavía estaban muy difusas. Se puede hablar de dos periodos de migración importantes que agudizaron el intercambio lingüístico: el fin del milagro mexicano, que resultó en la necesidad de buscar empleos en Estados Unidos; y la crisis de los años noventa, producida por el Efecto Tequila, que obligó a muchos a migrar.

      Así como en México y en otros países de Latinoamérica la migración siempre se ha tratado por temas políticos y económicos, en la península ibérica ocurría algo parecido. Por allá del siglo V con la caída del Imperio Romano, los pueblos germánicos (los godos) tomaron fuerza militar y política, invadiendo y desromanizando la actual España, debido a la riqueza que el territorio ofrecía. Como consecuencia cultural, muchas de las palabras que ellos usaban fueron adaptadas y mezcladas con un latín tardío que ya estaba sufriendo cambios. Luego vinieron los pueblos árabes y más vocablos nutrieron el español del reino de Castilla, la hegemonía de entonces.

      Es difícil dar una fecha exacta del surgimiento del español, pues tomó cientos de años amalgamar tres distintas culturas e idiomas. Los primeros registros del español que se tienen son del siglo X y aún así dista mucho del que hoy hablamos. Pensar que el spanglish lleva apenas siglo y medio no es tan descabellado para augurar que su proceso ya es imparable. Aunque tal vez éste tarde mucho más tiempo, pues en la actualidad sí existen normas que regulan la comunicación entre hispanohablantes, cosa de la que carecían en la Edad Media.

      La evolución del spanglish ha tomado interés por los estudiosos de la lengua, quienes reconocen las coincidencias entre el periodo medieval y el actual, igualmente las predicciones sobre el spanglish para convertirse en lengua propia. Así como el árabe tuvo influencia en la morfología y el germánico en la fonética y sintaxis del español, éste mismo lo hace ahora con el inglés. Hoy son identificables cuatro formas de spanglish: el chicano, el nuyorrican, el cubano-estadounidense y el centroamericano; también, pero en menor medida, el judeoespañol y otros que apenas están tomando forma.

    Cada uno de los anteriores correspondía hasta hace unos años a demarcaciones geográficas específicas, pero hoy los límites se han ido diluyendo y contagias cada vez a más hablantes. No obstante, todavía el spanglish se mantiene concentrado en seis estados: Florida, California, Nueva York, Arizona, Nuevo México y Texas. Cuando los inmigrantes llegaban, tenían poco conocimiento del inglés, pero generaciones posteriores adquirían naturalmente éste y, como segunda lengua, el español. No por nada en las estadísticas de la última década, de acuerdo con Domnita Dumitrescu, el porcentaje de jóvenes con bilingüismo aumentó a 47 %, poco más de 20 % que en la década de los ochenta.

       Al igual que en aquella Castilla la Vieja, en donde las palabras, las formas de organizar las oraciones y los sonidos cambiaron según los pueblos que los influían, en Estados Unidos pasa lo mismo con cada variante del spanglish. Por poner unos cuantos ejemplos: la parte léxica es quizá la más nutrida por el intercambio fácil de palabras. Ya en 1800 se sabía de palabras de origen hispano, como canyon, rodeo, barbecue o renegade. Tan sólo el diccionario Oxford recoge más de 38,000 palabras con origen en el español. Aunque no sólo las palabras se han visto afectadas, sino también cómo construyen las oraciones: cada vez es más común conmutar “vos”, gracias al español centroamericano, por el pronombre “you”. Por último, la parte fonética, es interesante notar dos sonidos característicos del español mexicano que influyen en el inglés: la s, que parece un silbido con gran fuerza, y la “ch” explosiva, presente en palabras como “chilli” o “chimichanga”.

     Sí, hablar de spanglish tomaría páginas y páginas, y hay tantas aristas desde dónde estudiarlo que demuestra cómo, a diferencia de la creencia popular, no es una denigración de dos idiomas, sino la viva muestra del nacimiento de una lengua. Tal y como pasó hace más de un milenio.

Por Tonatiuh Higareda

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