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Causa sorpresa que casi todos los países de Latinoamérica hayan emprendido campañas para enseñar el inglés a toda costa y cada día releguen más las lenguas indígenas hasta el punto de la extinción. ¿Pero cuáles son las razones?

        En primer lugar, la importancia de la globalización que hace cada vez más necesario hablar una lengua franca para comunicarnos entre habitantes de un país a otro. La educación y el modelo económico han dado una real importancia a las distintas lenguas y cómo cada una de ellas nos permite conocer el pensamiento y cultura de una sociedad.

        El problema es cuando ponemos a unas cuantas en el pedestal y despreciamos a las que conviven en nuestro día a día como latinoamericanos. Hoy se da preferencia al inglés, al francés, al italiano y a casi cualquier otra lengua proveniente de Europa, dándonos a entender cómo el eurocentrismo lingüístico —que en teoría debió haber sido superado hace más de un siglo— está tan normalizado que no nos percatamos de que no son mejores que el idioma que hablamos, pero que así lo percibimos. Sólo hay que ponernos a pensar cuántas veces hemos querido aprender un idioma y siempre se nos vienen a la cabeza los de arriba mencionados, pero pocos son los que tienen como primera opción el chino, el coreano o el árabe, también de gran importancia en la economía actual.

      Este pensamiento, en realidad, guarda en su seno una percepción clasista de los distintos idiomas, en el cual jerarquizamos cada lengua de acuerdo a su situación económica como país, la impresión que tenemos de sus habitantes y lo “desarrollados” que son a nuestros ojos. No hay que ir muy lejos, ¿cuántas personas conoces que siguen creyendo que las lenguas indígenas son un dialecto y que el español de su país es “castellano”?

        La confusión entre castellano ya la hemos aclarado en este artículo, pero también es cierto que queremos decirle de esta manera porque nos acerca a España, al pueblo que conquista, y nos aleja de reconocer que hablamos un dialecto, pues lo sentimos como una ofensa, quizá todavía por un sentimiento de ser el conquistado. Por esa misma razón es que defendemos con uñas y dientes las reglas ortográficas que las instituciones que desde la península ibérica nos llegan, ¿pero cuándo consultamos a las que en nuestros países dedican estudios e investigaciones?

        Hoy todavía es muy generalizada la idea de que los dialectos son menos importantes que los idiomas y que no hay necesidad de ponerles atención; pero qué pasaría si supiéramos que la idea de “lengua” es tan abstracta que podríamos considerar que no hay una lengua madre. Lo que en realidad llamamos “lengua” es el conjunto de todas las formas comunes de los distintos dialectos; antes pensábamos que de una lengua se desprendía un dialecto; hoy sabemos que ocurre al contrario, y que de un conjunto de dialectos se forma una lengua. Así que lo que tú hablas es el dialecto mexicano, el dialecto colombiano, el dialecto venezolano y el dialecto que sea donde te encuentres, pero también hablas español.

         Lo mismo pasa con las lenguas indígenas; por poner un ejemplo: todos conocemos el maya, pero no es el mismo maya hablado en la península de Yucatán en México que el maya hablado en Guatemala. Tampoco el guaraní de Paraguay es igual al hablado en Bolivia, aunque por supuesto tienen como idioma características comunes.

        Ahora que ya tienes en cuenta esto, ponte a pensar cómo sería para un hablante de guaraní, maya o náhuatl aprender inglés en español. Suena ridículo, ¿no? Es como si cualquiera de nosotros quisiera aprender francés, pero nos lo enseñaran en inglés. Lo que estos programas que incitan a enseñar inglés no contemplan es que las comunidades indígenas aprenden como segunda lengua el español y muchas veces no lo aprenden en su totalidad, sino únicamente lo que sirve en su contexto social. Entonces, en lugar de aprender bien su lengua en clases, como las que nosotros tuvimos en toda la educación básica, para conocer su gramática y ortografía, no logran asir ninguna de las tres, y nosotros los vamos relegando bajo el prejuicio de “ignorantes” y “primitivos”.

        Suena ridículo y hasta discriminatorio que el complejo que cargamos desde hace varios siglos se vea reflejado en la planes educativos de estos países. La globalización se trata de mirar a otras sociedades y aprender de ellas , empezar con una lengua indígena le daría el verdadero valor que tienen esas comunidades, pero que hemos negado una y otra vez en favor del mal entendido “desarrollo”.

           Si nosotros empezáramos a aprender alguna de estas lenguas, así como con el inglés o el francés, que una vez hablados podemos conocer cómo piensan el mundo, lo haríamos con la vasta cultura de estas comunidades y entenderíamos los principales problemas que enfrentan lingüísticamente hablando. Tal vez ahora sí defenderíamos la adaptación del sistema judicial a sus lenguas y también amplificaríamos la difusión científica y artística para estos pueblos.

        Integrar a las comunidades indígenas no depende cien por ciento de los programas educativos, que pareciera que miran hacia otros intereses, sino de nosotros como hablantes que debemos insistir en que todas las lenguas son igual de importantes y valiosas. Sí, sigamos mejorando nuestro inglés, perfeccionando el español y ahora aprendamos la lengua indígena que más nos guste.

Por Tonatiuh Higareda

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