latilde
A los más puristas de la lengua siempre les da un infarto cada vez que escuchan “lleva acento” y sacan a relucir sus autoproclamadas credenciales de fonetistas y replican: “Todas las palabras tienen acento, pero pocas llevan tilde”. Lo que ellos no saben es que ambos vocablos son conmutables y un poco de historia nos explica por qué.

       “Acento” viene de dos palabras latinas: ad o ac, que significa “hacia”, y cantus, participio de canere, que significa “cantar”. Antonio de Nebrija es de los primeros en usar la palabra “acento” para dar señas de la pronunciación en español; no obstante, para su época era poco importante señalar gráficamente la prosodia de las palabras, así que no se encontrarán en ediciones previas al siglo XVIII una sola raya en todo el texto. Sólo hubo un gramático llamado Juan de Valdés que ya en el siglo XVI pensó que era necesario indicar cómo debían decirse ciertas palabras para no confundirlas con otras de misma escritura, lo llamó “rayuela” y es de los primeros vestigios que tenemos.

        “Tilde”, por otra parte, es una derivada de “tildar”, cuyo vocablo también tiene su origen en el latín tittulare. Antes de designar al signo ortográfico se usó para los carteles que se colocaban en algunas tumbas y luego a los títulos de los libros.

           Ahora bien, fue la Real Academia Española la que en el siglo XVIII después de varios cambios en sus libros de consulta decidió empezar a usar los signos; aunque antes de llamarlos “tildes” siguieron el vocablo que muchos otros gramáticos anteriores usaban, a excepción de Valdés: el acento. Por cierto, antes no sólo existía uno solo, sino tres: agudo (´), grave (`) y circunflejo (^). Ahora sólo queda el agudo, mostrándonos cómo hasta en los signos hubo un cambio importante en la escritura.

          Luego llegó la lingüística con un método más rígido y que separó todos los niveles de la lengua en varias disciplinas, una de ellas la fonética y la fonología. Como toda ciencia, su terminología es importante para no confundir conceptos. Se retomó el acento para designar a la realización prosódica y se separó en otras clasificaciones, dos las conocemos a la perfección: el acento prosódico y el acento gráfico. Y de ahí toda la confusión. Para mitigarla un poco, se empezó a usar otro término: la tilde, usada para señalar el acento gráfico.

        Todas las academias e instituciones que recogen el uso de las palabras en países hispanohablantes usan indiscriminadamente “acento” y “tilde” para el mismo concepto, porque en el habla coloquial conmutan una y otra sin temor a caer en confusiones o ambigüedades. No obstante, cuando se trata de contextos más específicos sí debe hacerse la distinción.

            Entonces, sólo si se habla de fonética o de fonología la palabra debe decirse  “acento gráfico”, con el fin de marcar la diferencia con otros que son comunes en su estudio. La gramática los conmuta y si todavía no estás convencido, sólo acuérdate de cuántas veces has escuchado sobre el acento diacrítico, que para nada confundirías con un término prosódico.

           Si alguien todavía en su descaro quiere lanzarte ese blando argumento de “todas las palabras tienen acento, pero no todas llevan tilde”, compártele este artículo para que se preocupe menos de la terminología y más por cómo corrige.

Por Tonatiuh Higareda

Los más populares

Los más recientes

Te puede interesar

Bitnami