Todo en el español tiene su historia y las letras b y v no son la excepción. Hace muchos siglos, antes de que el español fuera español, las personas pronunciaban la b como bilabial; es decir, con los labios pegados y sacando el aire explosivamente. Mientras que la v era pronunciada pegando el labio inferior con los dientes superiores, como labiodental. Muchos idiomas se quedaron con esta distinción entre ambas letras. Sin embargo, el español en el siglo XVI empezó a neutralizar los dos sonidos, quedándose sólo con la bilabial b.

      No obstante, algunas regiones sí hacen la diferencia gracias a la influencia de sustratos lingüísticos. En España, por ejemplo, algunas zonas la pronuncian, en especial las que tienen contacto con el idioma valenciano y catalán. También en América, aunque raramente, se han encontrado indicios de su pronunciación: en el norte de México por influjo del inglés y en Paraguay y Bolivia suena ligeramente aspirada cuando está en la secuencia sb, producto de la influencia del guaraní.

      Sin embargo, son zonas muy específicas y el resto de Hispanoamérica no tiene este sonido. Las personas que se obligan a pronunciarlo caen en el error de ultracorrección. Este tipo de v se conoce como v pedante o v afectada. Por ejemplo, en el altiplano de México sería raro que quedara rastro de esa v, pues el náhuatl también carecía de ese sonido y no hay razón lingüística para decirla.

      La gente ha creído que es un deber el saber hablar “correctamente”, así vemos a locutores, periodistas y políticos esforzándose en pronunciarla. Tan poco natural es para ellos que luego comenten errores aún más graves, como aquel discurso oficial en el que se hablaba de la “envajada de Gran Vretaña y la cooperación de anvos países”.

      Los defensores de la v son casi siempre profesores, actores de teatro y locutores de radio y televisión, argumentan que enseñar a pronunciarla ayudará a la ortografía. No obstante, estudios han demostrado que no ha servido como método pedagógico, pues sólo es usada en contextos artificiales y no en el habla común. Lo mejor será que antes de las antiquísimas y aburridas clases de prosodia, existan antes clases de la historia del español.

Por Tonatiuh Higareda

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