¿Has escuchado que algo está “rebonito” o que alguien es “recariñoso”? El español es de esos idiomas que tiende a hacer reiteraciones para dar un mayor énfasis a lo que se enuncia. Como hablantes tenemos varios recursos, pero el más usado es un prefijo que nos encanta: re-.

      El uso de re- es tan frecuente que hoy tenemos palabras que ya no advertimos  que tienen este morfema, como refresco, que literalmente significan que algo está muy fresco. Esta partícula se une principalmente a adjetivos, pero también lo hemos usado con verbos o sustantivos para formar nuevos términos. Así, tenemos palabras como “rematar” o “reflujo”.

     El uso repetido de este morfema, sin embargo, no es gratuito. La razón es que al hablante de español le gusta una figura retórica llamada hipérbole, la cual consiste en exagerar las cualidades o características de personas, lugares, cosas o acciones.

      Tanto es el uso que le damos, que a veces hasta ya lo sentimos muy corto en intensidad, así que agregamos otras partículas para dar aún más potencia a lo que decimos. Ahí tenemos a “retecaliente” o “retedifícil”. Incluso cuando sentimos que algo todavía puede ser más desmesurado, llegamos a decir que alguien está “requeteguapo”, en lugar de usar el superlativo “guapísimo”.

      Lo importante es que al ser un prefijo siempre deberá ir pegado a su raíz y no cometer esos errores como “re interpretar” o “re conocer” que son muy comunes en la prensa.

       Ahora sí podrás decir que aprendiste algo “requetebueno” hoy.

 

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